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Cardenal Raymundo Damasceno: mensaje de Pascua en el Año Jubilar

Monseñor Damasceno pide a Jesús Resucitado, por intercesión de Nuestra Señora, que conceda a los Heraldos del Evangelio “las gracias necesarias para vivir fiel, ardorosa y plenamente su carisma”.

El Cardenal Raymundo Damasceno Assis [arzobispo emérito de Aparecida, Brasil] envió un mensaje a los Heraldos del Evangelio, expresando el deseo de “que este Año Santo Sea un marco de gracia y de renovación espiritual para cada uno de nosotros en particular, como también para las Sociedades y para la Asociación de los Heraldos del Evangelio”.

Él destacó que, “en la fase actual de la historia de la Iglesia, sobretodo en el contexto del Año Jubilar, con fe, espíritu y corazón abiertos, debemos recordar que nuestra tarea principal es poner en práctica la doctrina de la misericordia y la pastoral del perdón”.

Doctrina de la misericordia

El cardenal, pasa explicar que, en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel salió de la tierra de la esclavitud gracias a la misericordia, destacando que él “entró en una nueva tierra para vivir un tiempo nuevo y una vida nueva porque el Señor estaba con él y permanecía firme en la alianza prometida. La misericordia es la especial fuerza del amor, que prevalece sobre el pecado y sobre la infidelidad del pueblo elegido”.

Mons. Damasceno hace una distinción importante: mientras, “en el Antiguo Testamento, la misericordia era presentada con expresiones, palabras y manifestaciones divinas, en el Nuevo Testamento, ella encarna tales contenidos en la propia figura de Cristo”.

Para comprender la plenitud de la misericordia, revelada en la historia de nuestra salvación, es necesario “penetrar de manera profunda en el misterio de la Cruz y de la Resurrección”. Como explicitó el cardenal, “la Cruz de Cristo es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre el mundo, porque nos ofrece la certeza del amor y de la vida nueva”.

Pastoral del perdón

Además, la misericordia se manifiesta en la disposición de perdonar y en la compasión para con el prójimo. Según el purpurado, cuando aparece en el Cenáculo, Jesús “ofrece la paz como manifestación del perdón y de la misericordia. Decir: ‘la paz esté con ustedes’ es lo mismo que decir: ‘estén en paz’, pues toda la negación y todo el abandono fueron perdonados en el misterio de la cruz porque en ella, todo fue redimensionado a partir de la generosidad del amor de Dios. […] En este encuentro, Jesús confiere a la comunidad el más sublime de los dones, conforme prometió durante la Última Cena, el Espíritu Santo, el Paráclito (cf. Jn 14,16.26; 15,26), el cual sustentará la comunidad enviada (v. 22)”. Y subraya que, “Jesús sopló sobre sus discípulos capacitándolos para que sean seguidores de su misión y la hagan renacer por la potencia de la resurrección”.

A continuación, él enfatiza que la alegría “debe ser una característica de la comunidad que vive y celebra la presencia del Resucitado. […] Jesús dio una responsabilidad a sus discípulos. Reconciliados, ellos deberían reconciliar el mundo. Pacificados, ellos serían heraldos de la paz. Convictos de la vida de Cristo, ellos precisarían llevar al Resucitado a todas las personas, de todos los lugares y en todos los tiempos, […] y serían promotores del esplendor de la Verdad y anunciadores de la esperanza del Evangelio”.

En este punto, el cardenal Damasceno menciona este Año Jubilar como un tiempo de gracia, que “permite a tantos hijos alejados encontrar de nuevo el camino para la casa paterna. No obstante, para recibir las gracias del Año Jubilar, es necesario el “Sacramento de la Reconciliación, donde todos los hombres pueden experimentar de modo singular la misericordia, y que representa un paso decisivo, esencial e indispensable en el camino de fe de cada uno”.

Propuesta de trabajo para los Heraldos del Evangelio

En este contexto, Mons. Damasceno se dirige a la rama sacerdotal Virgo Flos Carmeli, presentando una propuesta de trabajo que “se refiere a los Sacramentos de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos”.

“Sabemos que los sacerdotes de los Heraldos del Evangelio colaboran con muchos hospitales administrando a los pacientes allí internados los sacramentos de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos. En este trabajo, es notable la disponibilidad de los Heraldos en atender los enfermos internados, sin embargo, hay un incontable número de hospitales en los cuales los enfermos no cuentan con ninguna asistencia por parte de nuestra Iglesia. Entonces, lo que propongo es que los sacerdotes de los Heraldos del Evangelio busquen alcanzar, por todas partes, el mayor número posible de hospitales donde, en una acción planificada, coordinada y sistemática, podrán visitar los enfermos, llevándoles la Palabra de Dios y los sacramentos del perdón: Reconciliación y Unción de los Enfermos”.

Pena temporal, indulgencia, Año Jubilar

Sin embargo, él destaca que, a pesar del perdón concedido en el Sacramento de la Reconciliación, “cargamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencias de nuestros pecados. […] No podemos confundir el ‘perdón de los pecados’ con la ‘remisión de la pena’”.

El cardenal emérito explica que, “cuando nos confesamos al sacerdote, en caso del haber cometido un pecado mortal, obtenemos la absolución y el perdón de la pena eterna del infierno. Pero, el pecado deja secuelas que tienen que ser saldadas por una pena temporal: el sufrimiento del día a día aceptado con paciencia y resignación o, entonces, las penas del purgatorio después de la muerte. […] El perdón no es la remisión de la pena y la cesación de las consecuencias tóxicas y dolorosas del pecado”.

Entre tanto, Dios en su misericordia nos concede el perdón de esa pena temporal a través de la indulgencia.

“Y por esto que, durante los años jubilares, toman relevancia particular las indulgencias, una vez que la misericordia de Dios se torna indulgencia del Padre, que a través de la Esposa de Cristo, ministra de la redención, alcanza el pecador perdonado y lo libera de cualquier residuo de las consecuencias del pecado (cf. Misericordiae vultus, n. 22). El don de la indulgencia nos permite descubrir la plenitud del perdón de Dios, que no conoce límites (cf. Spes non confundit, n. 23)”, aclara Mons. Damasceno. A continuación, añade que “la remisión de la “pena temporal” del pecado es un serio compromiso con el don ofrecido por el Señor a su comunidad, pero, al mismo tiempo, es un compromiso con una vida en la presencia del Señor, en que todo pecado y toda injusticia deben ser dejados de lado”.

Finalmente, el cardenal Mons. Damasceno concluye el mensaje con palabras de esperanza en la Resurrección de Cristo que “venció el poder de la muerte e ilumina el presente de nuestras vidas, no sólo abriéndonos un futuro nuevo, una vida nueva, pero también haciéndonos partícipes de su propia vida […]. La esperanza cristiana consiste precisamente en: frente a la muerte donde todo parece acabar, a través de Cristo y de su gracia que nos fue comunicada en el Bautismo, tenemos la certeza que la vida no acaba, apenas se transforma”. Y se despide, pidiendo a Jesús Resucitado, por intercesión de la Santísima Virgen, que conceda a los Heraldos del Evangelio “las gracias necesarias para vivir fiel, ardorosa y plenamente su carisma”.

Fuente: Cardeal Damasceno: mensagem de Páscoa no Ano Jubilar

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