Tiempo Litúrgico: Tiempo Ordinario

Santo del día:

San Froilán de León

“Cuando en Roma hay un papa santo, no hay ruina en Roma”

El pasado martes 20 de mayo, los Heraldos del Evangelio celebraron con una solemne Eucaristía, de Acción de Gracias por la elección del Sumo Pontífice León XIV, en la Basílica Nuestra Señora del Rosario, localizada en Caieiras, São Paulo (Brasil).

P. Aumir Scomparin preside solemne Eucaristía en la Basílica Nuestra Señora del Rosario

El pasado martes 20 de mayo, los Heraldos del Evangelio celebraron con una solemne Eucaristía, de Acción de Gracias por la elección del Sumo Pontífice León XIV, en la Basílica Nuestra Señora del Rosario, localizada en Caieiras, São Paulo (Brasil).

La celebración fue presidida por el P. Aumir Scomparin, EP quien estuvo acompañado por decenas de sacerdotes Heraldos del Evangelio y por centenas de miembros correspondientes a la rama masculina, femenina y terciarios, de diversos países.

León XIV con el cuadro de la Madre del Buen Consejo, el domingo 18 de mayo.

La homilía estuvo a cargo del P. Alex Barbosa de Brito, EP quien hizo algunas reflexiones, que transcribimos íntegramente, al final de esta nota.

Destacamos algunos trechos con las reflexiones del P. Barbosa de Brito:

“¿Cómo comenzó el papa León XIV su pontificado? León XIV comienza con un Avemaría porque sabe perfectamente que necesita del auxilio de esta Madre. Va a visitar el Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo porque precisa escuchar bien un consejo bueno, para justamente defender a la Iglesia que fue conquistada con la sangre de Cristo. Defenderla de los lobos y de los hombres de doctrinas perversas. Y por eso él ya tenía ese instinto de victoria, al decir que el mal no prevalecerá porque él tenía los ojos puestos en Nuestra Señora.”

P. Alex Barbosa de Brito, EP

“Él [León XIV] escoge el nombre de León y en aquel instante, Pedro habló por la boca del león; ¿qué dijo? el mal no prevalecerá. Si vemos en toda la Historia, a lo largo de todos los Leones que gobernaron la historia, podemos encontrar sombras, pero en el primero ¡qué luces extraordinarias, qué sol! León, el propio nombre lo dice, León. Fue tan grande, tan inmenso que recibió el nombre de León Magno, el primero de los papas con ese nombre, León el Magno, en el año 440, en el siglo V, y va hasta el 461 en el solio de Pedro. Él estaba iniciando un pontificado que habría de marcar toda la historia de la Iglesia, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira comentaba en una ocasión, sobre aquel momento en que va a retener a Atila, el rey de los hunos, aquel que era tan bárbaro, tan terrible, que pasando por los lugares ni el pasto volvía a crecer, porque él destrozaba todo por donde pasaba.

Este Atila estaba en las puertas de Roma, y el Dr. Plinio decía: ‘Roma no es sino ruinas, pero Roma tiene un papa santo y cuando en Roma hay un papa santo, no hay ruina en Roma. Pero cuando en Roma no hay un papa santo, Roma es ruina.’ Está aquel hombre al frente de su ejército todo él espiritual y, delante de Atila el terrible que se inclina reverente y no invade la Ciudad Eterna. Además qué maravillas nos dejó en materia de teología, de explicitaciones, de sermones, cuánta maravilla. Por eso le vale el título de León Magno.”

Al inicio de la celebración eucarística, el P. Aumir había develado el blasón de León XIV, colocado en el frontis de la Basílica Nuestra Señora del Rosario, como demostración perenne de la ligación de los Heraldos del Evangelio con el Dulce Cristo en la Tierra.

Blasón de León XIV en el pórtico de la Basílica Nuestra Señora del Rosario

Homilía del P. Alex Barbosa de Brito, EP durante la Misa de Acción de Gracias por la elección del Sumo Pontífice León XIV

Estamos celebrando con gran solemnidad el inicio del pontificado del Papa León XIV, en acción de gracias por el inicio que se dio con la Misa en la Plaza de San Pedro, el día 18 de mayo pasado.

El mundo entero estaba aguardando el momento, antes de esa Misa, claro, poco antes, cuando el Cónclave terminó, aguardando quién sería elegido. Quién aparecería en el balcón, para ser anunciado y para dar la primera bendición, en el menor Estado [el Vaticano] del planeta, el más frágil, con un ejército casi simbólico, y sin embargo, todos estaban atentos. ¿Atentos por qué? Porque todos sabían perfectamente que habría de aparecer allí el hombre que puede ligar el Cielo con la tierra. Aquel que recibió de Dios, del propio Nuestro Señor Jesucristo, las llaves, las llaves del Reino de los Cielos. Ahora bien, nadie lo esperaba, él aparece en el balcón para dar la bendición, y las primeras palabras suyas son: “la paz esté con todos vosotros”. Que es justamente el saludo de Nuestro Señor Jesucristo resucitado, y en seguida él explica con una frase, la razón de haber saludado con la paz. Porque se saluda con la paz para recordar al Resucitado, pero se tiene como saludo, cuando está confirmada la victoria después de una guerra. Y él después dijo: “el mal no prevalecerá” y ahí se entiende mejor el saludo de la paz, porque sólo es posible que haya paz donde el mal no triunfa, porque si el mal triunfa no es posible que exista paz.

Y él escoge el nombre que nadie esperaba, nadie esperaba que fuese él, nadie esperaba, esperaba mucho menos, el nombre que él escogió. Él escoge el nombre de León y en aquel instante, Pedro habló por la boca del león; ¿qué dijo? el mal no prevalecerá. Si vemos en toda la Historia, a lo largo de todos los Leones que gobernaron la historia, podemos encontrar sombras, pero en el primero ¡qué luces extraordinarias, qué sol! León, el propio nombre lo dice, León. Fue tan grande, tan inmenso que recibió el nombre de León Magno, el primero de los papas con ese nombre, León el Magno, en el año 440, en el siglo V, y va hasta el 461 en el solio de Pedro. Él estaba iniciando un pontificado que habría de marcar toda la historia de la Iglesia, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira comentaba en una ocasión, sobre aquel momento en que va a retener a Atila, el rey de los hunos, aquel que era tan bárbaro, tan terrible, que pasando por los lugares ni el pasto volvía a crecer, porque él destrozaba todo por donde pasaba.

Este Atila estaba en las puertas de Roma, y el Dr. Plinio decía: “Roma no es sino ruinas, pero Roma tiene un papa santo y cuando en Roma hay un papa santo, no hay ruina en Roma. Pero cuando en Roma no hay un papa santo, Roma es ruina.” Está aquel hombre al frente de su ejército todo él espiritual y, delante de Atila el terrible que se inclina reverente y no invade la Ciudad Eterna. Además qué maravillas nos dejó en materia de teología, de explicitaciones, de sermones, cuánta maravilla. Por eso le vale el título de León Magno.

San León Magno enfrenta a Atila en las puertas de Roma

Sigue la secuencia de otros papas con el nombre de León, León II en el siglo VII, después entre los siglos VIII y IX otro León, también santo, León III, un papa llamado a hacer muros y puentes. El papa tiene que hacer muros para defender el rebaño, como dice San Pablo en los Hechos de los apóstoles. Pero también sabía hacer puentes, quería hacer puentes con el bien, que deben ser establecidos justamente para equilibrar, y es lo que buscó con el mundo oriental, para evitar lo que anteveía, el Gran Cisma de Oriente.

Uno de los grandes hechos, que marcó la Historia, en la Navidad del año 800, fue que él coronó a Carlomagno. Ahí queda para siempre marcado el papa, el escogido de Dios, el Sucesor de Pedro, que coloca en la frente del emperador una corona. Queda marcado para siempre que él tiene ese poder de abrir y cerrar, a partir de aquel momento, una gloria y más otras, hasta llegar en el Renacimiento a León X, papa de luces y sombras, porque a fin de cuentas él también supo ornar la Iglesia, pero no se puede decir lo mismo en lo que se refiere a la defensa. Le faltó fibra, que el nombre León le confería.

San León III corona a Carlomagno como emperador

Otro papa santo, San León IX que era amigo de Hildebrando y que fuera asesor suyo. Hildebrando más tarde, sería San Gregorio VII. En esa pléyade de Leones, unos santos, otros no, luces y sombras. Otros que, sin haber sido canonizados, son también, a su modo gloria de la Iglesia.

El propio papa León XIII, en el siglo XIX, con un largo pontificado, a caballo del siglo XIX y el siglo XX, tiene cosas realmente extraordinarias. Como ha recordado el propio papa León XIV, la propia Encíclica Rerum Novarum, celebrada como si fuese una Encíclica de revolución, pero se olvidan que fue él quien en la Inmortale Dei dijo que “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los pueblos”. La influencia del Evangelio era tal que las leyes eran influenciadas por el Evangelio; la justicia, todo era permeado por el Evangelio. No obstante, tiempo ha que se quiere que el mundo influya al Evangelio, y no el Evangelio al mundo.

Papa León XIII

En este momento tan especial de la Historia, sube a la sede de Pedro, no lo olvidemos que el papa es Sucesor de Pedro, tiene antecesores, pero él es Sucesor de Pedro. En este momento es elegido un hombre, que escoge para sí, en este momento histórico tan singular en que estamos viviendo el nombre de León. Un león en medio de lobos, un león en medio de lobos porque vimos en la Primera Lectura, en los Hechos de los Apóstoles, vemos a San Pablo preocupado con su partida, él que era pastor, un gran pastor, él preocupado va a decir cuál es la misión de un pastor, la misión de un sacerdote, más todavía un obispo, y sobre todo de un papa. ¿Cuál es su misión? Es la de ser guardia, guardia de un tesoro de valor infinito. ¿Contra quién, contra qué? Contra los lobos, contra hombres de doctrinas perversas.

Y san Pablo, ya anteveía en su tiempo otras cosas que nosotros conocemos bien. Y en esta situación, un león en medio de lobos vino para pastorear estas ovejas, para custodiar este tesoro. ¿Qué tesoro? La Iglesia, la Iglesia de Cristo, el Cuerpo Místico de Cristo. ¿Cuál es su valor? San Pablo lo declara, fue conquistada por la sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto un tesoro de valor infinito, y eso es lo que se trata de custodiar, lo que se trata de defender. Anteponer muros para defender ese tesoro que es la Santa Iglesia de Dios. Ahora bien, contra lobos, contra doctrinas perversas y, si hubiese que enumerarlas aquí, ¡qué catástrofe, en qué situación nos encontramos! Si hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba a los pueblos, hay tiempos en que parece que el mundo quiere gobernar el Evangelio. Cambiar el nombre de las cosas, relativizar todo y hacer con que se tenga la impresión de que no vale la pena ser diferente. Se sugiere dialogar con los lobos. San Pablo dice lo contrario y es lo que vamos a ver subrayado en el Evangelio por Nuestro Señor Jesucristo. Un Evangelio que narra a Jesús resucitado, su tercer encuentro con los apóstoles, en las orillas del Lago de Tiberíades y Pedro fue a pescar; Pedro ya había negado a Nuestro Señor Jesucristo en el período anterior, durante todo el proceso de la Pasión él negó a Nuestro Señor, cosa que Nuestro Señor había profetizado, que por tres veces lo negaría. Y él, está allí pescando con los otros, y Jesús en la orilla y con una hoguera encendida y preparándola estaba anteviendo lo que habría de anunciar, como bien una vez anunció Monseñor João Clá, cuáles debían ser las tres características especiales para ser pastor universal, papa, Sucesor de Pedro: Pedro reconoce a Nuestro Señor, cuando se aproxima de Él, éste le pregunta ¿Tú me amas más que a estos?, Pedro le responde “Sí Señor, tú sabes que te amo”, a lo cual Jesús le dice “Apacienta mis ovejas”. Por segunda vez le pregunta si lo amaba, y por tercera vez, Pedro incluso se entristece.

Ahí están las tres cualidades: la primera cualidad para ser elegido un papa debe ser amar a Nuestro Señor Jesucristo; la segunda, amar; la tercera amar, amar más que los otros. Primero amar a Dios, amarlo a Él y después cuidar de las cosas de Dios. Y hubo quien pensaba que había que cuidar de las cosas de Dios por egoísmo, por relativismo y dejar olvidado el amor de Dios. Sin verdadero amor de Dios no se puede cuidar de las cosas de Él. Primero amar a Dios, y si es verdad que Pedro negó tres veces, los padres de la Iglesia van a comentar aquí que él profesó por tres veces su acto de amor e incluso se entristece la tercera vez porque ciertamente se acordó de ese tres: Jesús fue tentado tres veces, Pedro fue tentado tres veces. Jesús venció, Pedro perdió.
Nuestro Señor sustenta a Pedro porque precisa apacentar sus ovejas.

Cómo cae bien recordar aquí el comentario de San Agustín, al respecto de este Evangelio, él va a decir que el oficio propio del amor es apacentar, es cuidar de las ovejas, cuidar al estilo de San Pablo, sin olvidar que estamos cercados de lobos y de hombres con doctrinas perversas. Entre tanto, la palabra más fuerte, más eficaz, más extraordinaria dicha por San Pablo, no fue denunciar los lobos y los hombres con doctrinas perversas. Es al final de la lectura de los Hechos de los Apóstoles, que acabamos de escuchar que, Pablo se arrodilló y rezó con todos, y la oración es el inicio de todo, es el principio de la victoria.

¿Cómo comenzó el papa León XIV su pontificado? Decía el Dr. Plinio que, cuando el hombre tiene dudas, de cómo comenzar –evidentemente cuántas cosas pueden pasar por su cabeza- cualquier punto es bueno para comenzar siempre que en la otra punta esté Nuestra Señora. Y León XIV comienza con Avemaría porque sabe perfectamente que necesita del auxilio de esta Madre. Va a visitar el Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo porque precisa escuchar bien un consejo bueno, para justamente defender a la Iglesia que fue conquistada con la sangre de Cristo. Defenderla de los lobos y de los hombres de doctrinas perversas. Y por eso él ya tenía ese instinto de victoria, al decir que el mal no prevalecerá porque él tenía los ojos puestos en Nuestra Señora.

Y, en este instante que, nosotros Heraldos del Evangelio, que aprendimos el amor que debemos tener al Sucesor de Pedro, el amor que debemos tener a María Santísima y el amor a Nuestro Señor Jesucristo sacramentado, hacemos una súplica a Nuestra Señora y también a él, al Sucesor de Pedro, que él sea cada vez más devoto de la Señora del Buen Consejo. Que sea un pastor según el Corazón de Jesús, que sea un león en medio de los lobos, que sepa rugir cuando tiene que rugir, que sepa cuidar de aquellos que tiene que cuidar. Que sepa justamente defender aquellos que lo necesitan, pero que sea un verdadero lucero en este mundo de tinieblas. Él mismo dijo que la Iglesia es un faro en la oscuridad de la noche del mundo. Que él sea ese farol, porque todos esperan de un papa, que escogió para sí el nombre de León. Que María Santísima lo bendiga, lo defienda, lo ilumine, lo conduzca, para que él pueda conducir las ovejas de Nuestro Señor Jesucristo.

¡Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo!

Fotos: Capturas de pantalla de la transmisión en vivo.
Ver vídeo, en castellano: Santa Misa en Acción de Gracias por la elección del Sumo Pontífice León XIV AQUÍ

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