En primer lugar y antes que más nada, Católico, Apóstolico y Romano. Fiel congregado mariano, terciario carmelita, fue una de las voces más influyentes del catolicismo en el siglo XX y lo sigue siendo hasta hoy en día. Un alma devota que amó y buscó defender todo lo que la Santa Iglesia defiende, especialmente el propio Cuerpo Místico de Cristo.
Docilidad a la voz de la Gracia y a la Suma de las edades
Es propio de la condición humana, desde los primeros destellos de la razón, un progreso continuo en los caminos del bien o del mal. Algunos terminan sus días como verdaderos monumentos del egoísmo, cargados de pecados y malas inclinaciones no combatidas, acumuladas a lo largo de ochenta o noventa años. Otros, sin embargo, tienen un final glorioso, que da belleza a todo un largo pasado, en el que incluso las debilidades parecen ser tomadas por una luz y purificadas por la bendición de Dios.
En éstos germinó y se desarrolló la pequeña semilla de la gracia divina plantada en el momento del bautismo hasta que el árbol alcanzó su plenitud. La inocencia y la virtud crecieron y se refinaron. Aquel anciano o anciana, como los ángeles que se elevan, están listos para entrar a la patria celestial.
Sí, lejos de abandonar los valores adquiridos en las sucesivas fases de la existencia, el alma fiel los conserva, los incrementa y los consolida a lo largo de los años. Así, cuando llega al final de la vida, ha añadido la inocencia de la infancia, las esperanzas de la adolescencia, el vigor de la juventud, la gravedad de la edad madura, la experiencia de la vejez y la sublimidad de la ancianidad.
Esta suma de las riquezas de cada edad es una de las características más llamativas de la historia de Plinio Corrêa de Oliveira.
Fidelidad a un designio
El Dr. Plinio, como solía ser llamado por sus discípulos, nació en São Paulo, Brasil. Su infancia y adolescencia transcurrieron en el sereno ambiente familiar, inserto en la agradable sociedad paulista del antaño. En su juventud se destacó como un líder católico indiscutible, lo que lo llevó a desarrollar una deslumbrante carrera política, llegando a ser conocido en todo el país. Más tarde fundó un movimiento de lucha por los ideales de la Iglesia, reuniendo a su alrededor a numerosos adeptos, a los que se esforzó por transmitir una sólida formación doctrinal, así como el espíritu que le animaba. Murió a la edad de ochenta y siete años, después de una terrible enfermedad.
Sin embargo, teniendo en cuenta que todo hombre tiene una misión que cumplir, la vida del Dr. Plinio merece ser considerada desde la perspectiva del designio de Dios sobre él, para comprender su persona y su obra.
De hecho, en los últimos siglos la humanidad se ha visto corroída por una terrible crisis. Este proceso de desintegración total buscaba eliminar los vestigios del orden cristiano, rebelándose así contra el trono del Todopoderoso y con el objetivo, en definitiva, de implantar el reino de satanás sobre la faz de la tierra. Sin embargo, cuando el mal parecía estar a punto de alcanzar el colmo de su expansión y planeaba levantar el estandarte de la victoria, Dios levantó a un hombre, un hijo de la Iglesia y elegido por la Virgen, para desempeñar un papel que no se había manifestado en la historia hasta entonces.
¿Quién era, entonces, el Dr. Plinio?
Un hombre que nació y se desarrolló a la luz de la inocencia de su madre, Da. Lucilia Corrêa de Oliveira, y brilló por su integridad moral.
Un hombre llamado a reflejar en sí mismo virtudes armónicas aparentemente opuestas: por un lado, una grandeza extraordinaria y una majestad imponente, que causaban miedo a los soberbios; por el otro, una bondad acogedora, penetrante y benévola, que atraía…
Un hombre dotado de un carisma de discernimiento de espíritus sin igual, de una visión histórica que abarcó no sólo la psicología de los individuos, sino que penetró en la opinión pública de los pueblos y de las naciones.
Un hombre que, como un árbol que brotó entre las rocas, creció en medio de persecuciones, incomprensiones e ingratitudes.
Un hombre de fe, que defendió, como laico, el honor, la santidad y la infalibilidad de la Iglesia como nadie en su tiempo.
Un hombre que, solo, vio la situación de la humanidad, discernió el mal que se extendía y con la fuerza de su convicción desafió el consenso de su tiempo, haciendo del triunfo del Inmaculado Corazón de María, prometido en Fátima, uno de los principales objetivos de su apostolado y de toda su existencia. En esta intención ofreció su propia vida, si la Providencia así lo disponía, y fue segado después de mil sufrimientos afrontado con el valor de un caballero y la resolución de un verdadero mártir.
Estas diversas facetas de una personalidad tan completa son un brillante ejemplo, de cuán diferentes de los estándares humanos engañosos presentados por la sociedad actual, de lo que debería ser un verdadero católico.
Y para aquellos que quieran profundizar en el conocimiento de su persona, recomendamos la lectura de la colección en cinco volúmenes, de la autoría de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, (vinculo a producto que es este libro en la tienda) «El don de la sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira».



