Comentario al Evangelio III Domingo de Adviento (Domingo “Gaudete”) -Ciclo A- por Mons. João Clá Dias, EP
La liturgia de este domingo nos invita a la alegría, mostrando el rumbo para alcanzarla. El contraste entre los protagonistas de la escena de hoy es notorio: mientras San Juan está en la cárcel y se somete a este padecimiento con plena resignación, animado por la felicidad de ser íntegro y cumplir su llamado, los discípulos se ven privados de esa felicidad por la envidia que los consume.
Similar amargura acompaña a Herodes Antipas, esclavizado por sus pasiones, como también a los fariseos que viven a la búsqueda de alabanzas e incienso, impulsados por la sed de gloria terrenal. Los propios apóstoles tampoco están enteramente felices en este período de la vida pública del Divino Maestro, pues esperaban un Mesías diferente al que tenían delante de sí.
Entonces, ¿dónde está la alegría? En la locura de la Cruz. Nuestro Señor Jesucristo, no podía estar triste ni abrazar un camino de depresión, y además, eligió el del Calvario para darnos el ejemplo e indicar que la conquista de la felicidad comporta la adversidad y el dolor. Recordémonos de su enseñanza: “Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24). La idea de que la felicidad excluye el sufrimiento es infundada, ya que somos tendientes al mal por la caída de nuestros primeros padres, el sufrimiento se tornó un elemento indispensable para nuestra santificación.




