[google_font font=»EB Garamond» size=»58″ weight=»400″ italic=»0″ color=»#7d0404″ subset=»»]La devoción del Santo Rosario – Obra maestra de la espiritualidad católica[/google_font]
La devoción al Rosario tiene enorme fuerza y sustancia. No está hecha sólo de emociones, sino que es seria y llena de pensamiento. A través de ella, la vida espiritual del católico se constituye como un sólido y esplendoroso edificio de certezas.
Para que se entienda mejor el valor de la devoción al Santo Rosario, analicémoslo con mayor profundidad.
Después de haber sido entregado directamente por Nuestra Señora a Santo Domingo de Guzmán, la devoción al Rosario se extendió rápidamente por toda la Iglesia, superando los límites de la Orden Dominica y convirtiéndose en el distintivo de otras muchas Órdenes, cuyos miembros empezaron a llevarlo colgado de la cintura.
Hubo un tiempo en que todo católico lo portaba habitualmente consigo, no sólo como un objeto de contar avemarías, sino como instrumento que atrae las bendiciones de Dios.
Oración que nos une íntimamente a Dios
¿Qué viene a ser el Rosario?
En síntesis, se trata de una composición de meditaciones sobre la vida de Nuestro Señor Jesucristo y de su Madre Santísima, sumada a oraciones vocales. Tal conjunción —de la oración vocal con la mental— es verdaderamente espléndida, pues mientras se pronuncia con los labios una súplica, el espíritu se concentra en un punto.
Así, el hombre hace en el orden sobrenatural todo lo que puede: a través de sus intenciones se une a lo que sus labios pronuncian y por su mente se entrega a aquello que su espíritu medita.

Por esta forma de oración el hombre se une íntimamente a Dios, sobre todo porque tal vínculo se produce a través de María, Medianera de todas las gracias.
Alguien podría preguntar:«¿Qué sentido tiene rezarle vocalmente a la Virgen mientras se medita otra cosa? ¿No podría ser algo más sencillo? ¿No sería más fácil meditar antes y luego rezar diez avemarías?»
La respuesta es muy simple. Cada misterio contiene, en sus pormenores, elevaciones sin fin, las cuales nuestro pobre espíritu procura sondear… Ahora bien, para hacerlo con toda perfección, necesitamos ser auxiliados por la gracia de Dios y tal gracia nos es dada por el auxilio de Nuestra Señora. Es decir, se pronuncia el Avemaría para pedir que la Virgen Santísima nos obtenga las gracias para meditar bien.
Devoción fuerte, seria, llena de pensamiento
En el Rosario encontramos pequeños, pero preciosos tesoros teológicos que lo convierten en una obra maestra de la espiritualidad y de la doctrina católica.
Esta devoción tiene enorme fuerza y sustancia. No está hecha únicamente de emociones; al contrario, es seria, llena de pensamiento, con razones firmes. A través de ella la vida espiritual del varón católico se constituye un sólido y esplendoroso edificio de conclusiones y certezas.
Además de eso, la meditación de los misterios de la vida de Nuestro Señor y de su Madre le proporciona al fiel la oportunidad de recibir gracias propias a aquel hecho que está contemplando.
Al analizar las innumerables gracias que María Santísima viene distribuyendo por medio del rezo del Santo Rosario, vemos en él algo que lo hace superior a los demás actos de piedad mariana. Ahora bien, ¿cuál es la razón de esto?
Antes que nada, merece la pena señalar que Nuestra Señora, al ser excelsa Reina, tiene el derecho de establecer sus preferencias. Y quiso elevar esa devoción por encima de las demás, distribuyendo gracias especialísimas a través del rezo del Santo Rosario.
Resolución de rezar siempre el Rosario




