Tiempo Litúrgico: Tiempo Ordinario

Lectura del día

29 de enero – Jueves de la III Semana del Tiempo Ordinario



Lectura del segundo libro de Samuel (7, 18-19. 24-29)

Después que el profeta Natán transmitió la palabra de Dios al rey David, este fue a sentarse delante del Señor y exclamó: «¿Quién soy yo, Señor, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí? Y como esto te pareció demasiado poco, también le has hecho una promesa a la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¿Es esto lo que haces habitualmente con los hombres, Señor?
Tú has establecido a tu pueblo Israel para que sea tu pueblo eternamente, y Tú, Señor, eres su Dios. Y ahora, Señor Dios, confirma para siempre la palabra que has pronunciado acerca de tu servidor y de su casa, y obra conforme a lo que has dicho. Que tu Nombre sea engrandecido para siempre, y que se diga: «¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel!»
Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti. Porque Tú mismo, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, te has revelado a tu servidor, diciendo: «Yo te edificaré una casa.» Por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria.
Ahora, Señor, tú eres Dios, tus palabras son leales y has prometido estos bienes a tu servidor. Dígnate, entonces, bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia. Porque tú, Señor, has hablado, y con tu bendición la casa de tu servidor será bendita para siempre.»



Salmo 131, 1-5. 11. 13-14

R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

Acuérdate, Señor, en favor de David, de todos sus desvelos, del juramento que prestó al Señor, del voto que hizo al Fuerte de Jacob. R.

«No entraré bajo el techo de mi casa ni me acostaré en mi propio lecho; no daré descanso a mis ojos ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una Morada para el Fuerte de Jacob.» R.

El Señor hizo un juramento a David, una firme promesa, de la que no se retractará: «Yo pondré sobre tu trono a uno de tus descendientes.» R.

Porque el Señor eligió a Sión, y la deseó para que fuera su Morada. «Este es mi Reposo para siempre; aquí habitaré, porque lo he deseado.» R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (4, 21-25)

Jesús decía a la multitud: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!»
Y les decía: «¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.»

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