[google_font font=»EB Garamond» size=»58″ weight=»400″ italic=»0″ color=»#7d0404″ subset=»»] Los hombres de hoy buscan la paz, y no la encuentran[/google_font]
Llevemos nuestros pensamientos a la noche de Navidad. Que nuestros oídos se embelesen con ese canto, de todos conocido y tantas veces recitado:“noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor”
Es imposible meditar sobre la Navidad sin que nos vengan a la mente – y diríamos a los oídos – las palabras armoniosas e iluminadas con que los ángeles, apareciendo súbitamente junto al ángel que les anunciaba el nacimiento del Redentor, alabando a Dios, cantaban la gran noticia diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto de los Cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 14). Anuncio lleno de simplicidad, que hasta un niño puede comprender, que encerraba en sí verdades de las más profundas.

Cuántas veces, durante el año tan convulsionado que hemos vivido, y que en poco termina, hemos oído hablar de paz. Poco hemos escuchado de la “gloria a Dios en lo más alto de los Cielos” en donde no hay disensión alguna. Cada vez vemos menos hombres de “buena voluntad”, dispuestos hacia los otros, llenos de amor para con el prójimo.
Ante eso nos preguntamos: ¿por qué los hombres quieren tanto la paz y no la encuentran?, ¿qué es concretamente la paz?

Unos la considerarán un bienestar, sin enfermedades, sin luchas ni adversidades, nada de riesgos. Aprovechando la vida terrena, este recorrido en este “valle de lágrimas”, para gozar en todo momento. La “gloria de Dios” pues, nada tiene que ver con la paz. Será querer que todos vivan alegres y felices. Son hombres y mujeres con una mentalidad plasmada en que la gloria de Dios es una cosa insignificante, sin importancia alguna. Nada tiene que ver con la paz en la tierra.




