El trono y la base de la imagen de Nuestra Señora de Coromoto* combinan de un modo muy armonioso. El trono, con el respaldo alto y la curva superior, destacan muy bien la elevación de Nuestra Señora, indicando que Ella tiene entera noción de la propia majestad. La base, bien calculada para dar la idea de proximidad, tiene una proporción muy amena, en una altura accesible para todos.
La imagen es de mármol blanco, pero de una albura tal que se diría que es hecha de una materia nívea que no es de la tierra. Esta blancura significa una transparencia de la esencia divina y extraterrena. Aunque Nuestra Señora no tenga esencia divina, está penetrada de la gracia de Dios.
A la luz del día, se tiene la impresión que el mármol refleja la blancura; a la luz de la noche, que la blancura habita como una luz interna dentro de la materia, con irradiaciones de luz en su interior.
La propia representación psicológica de Nuestra Señora es inmaculadísima, toda rodeada de ese blanco habitando en Ella y Ella viviendo en un cielo níveo, donde todas las cosas serían níveas.




