Ha sido llamado el Atanasio de Occidente porque, despreciando las persecuciones, al igual que hizo el gran obispo de Alejandría de Egipto, san Hilario de Poitiers (hacia 310-367) consagró toda su vida religiosa a la defensa de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, enfrentándose al arrianismo, que negaba la divinidad del Hijo. Nacido en una familia acomodada, probablemente pagana, se había formado estudiando retórica, se había casado y había tenido una hija. Su fe católica, como dejó escrito, surgió en él poco a poco, al darse cuenta de que las distintas filosofías no le ayudaban a encontrar el sentido del hombre y su fin último, que descubrió sólo leyendo la Biblia y, sobre todo, cuando llegó al prólogo del Evangelio de Juan, con la reflexión sobre el Verbo que se ha hecho carne y que «dio poder de ser hijos de Dios» a quienes creen en Él.
Recibió el bautismo alrededor del año 345 y, unos ochos años más tarde, fue nombrado obispo de Poitiers. Los arrianos que le pidieron a Constancio que le devolviera a Poitiers. Así, el santo volvió a su patria hacia el 360, donde fue acogido con gran triunfo por los fieles, y fundó un monasterio en la cercana Ligugé y le ayudó a defender la ortodoxia. Es también el primer autor cristiano latino del que se sabe que escribió himnos, compuestos para formar doctrinalmente a los fieles. Escribió un tratado sobre los Salmos, explicando que todo lo que se dice en ellos se «refiere a la venida de Nuestro Señor Jesucristo», nuestro camino hacia la salvación: «Mediante la relación con su carne, el acceso a Cristo está abierto a todos, a condición de que se despojen del hombre viejo y lo claven en su cruz; a condición de que abandonen las obras de antes y se conviertan para ser sepultados con Él en su Bautismo, en vista de la vida».
San Remigio
San Remigio fue el gran apóstol de los franceses, célebre por su sabiduría, su admirable santidad y sus muchos milagros. Al poco tiempo de ser ordenado sacerdote, ya era considerado como uno de los mejores oradores de su época, y cuando tenía sólo 22 años, fue elegido Obispo, cargo que desempeñó con energía y entrega a la misión por cerca de 70 años.
Por intersección y oraciones de su esposa, la Reina Clotilde, el Rey de los franceses Clodoveo se convirtío al cristianismo, y tuvo como director espiritual a San Remigio. Su elección por Cristo fue apoyado y seguido por sus súbitos quienes al saber de la conversión de su rey, decidieron abandonar la idolagría a los dioses paganos.
Fue ahí, donde San Remigio y sus sacerdotes se dedicaron con todo empeño a enseñar los principios elementales de la fe tanto al rey como a los súbitos que deseaban bautizarce. A los pocos meses, el rey y 2300 súbitos fueron bautizados en una sencilla ceremonia presidida por el santo Obispo.
San Remigio además empezó a predicar la Buena Nueva en el pueblo a fin de combatir a los herejes y paganos. También ayudó al hermano pobre y necesitado, y su solidaridad y servicio se extendió incluso por aquellos que no profesaban la religión cristiana. Dios le concedió el don de hacer curaciones y anunciar lo que iba a suceder en lo futuro.
Murió en el año 530 a la edad de 90 años.