Los patriarcas, los profetas, el pueblo todo de Israel, suspiraba expectante por la llegada del Mesías, el esperado de las naciones, aquel que sería su libertador, el Salvador, Jesús Nuestro Señor.
La Santa Iglesia, en su sagrada liturgia, acompaña místicamente en este mes esa espera – que en su momento era angustiosa – en el llamado Tiempo de Adviento. Período que ha comenzado este pasado domingo, que durará cuatro semanas hasta llegar a la celebración del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, en el día de Navidad.
Es el Adviento – del latín adventus -, el llegar, la espera de lo que ha de venir, la presencia comenzada, la expectación de lo que está en advenimiento, que viene. Es el remarcar la centralidad de Cristo Redentor en la historia de la salvación de los hombres.
No se puede determinar exactamente cuándo fue la primera vez en que la Iglesia estableció la celebración del Adviento. Apenas en el Siglo IV comenzó a organizarse la liturgia entorno de la Encarnación del Verbo y la manifestación de Dios a los hombres. A sus inicios tuvo una cierta característica penitencial, a tal punto que la llamaban de “semi-cuaresma”. Posteriormente, la liturgia romana, la concibió como un tiempo de gozosa y devota expectativa, de gozo y de esperanza. Fue San Gregorio Magno (590) quien lo organizó en cuatro semanas.
Durante este período, algunos signos festivos que durante el año existen en la liturgia toman una característica diferente que la penitencial de la Cuaresma, adquiriendo un aire de austeridad. Remarcando a los fieles la condición pasajera de nuestra existencia, que somos peregrinos en esta tierra, sobresaltando la vigilancia y la esperanza. No se canta el Gloria a Dios en las misas pero sí se mantiene el Aleluya como aclamación previa al Evangelio, las vestidura son color morado. La austeridad se refleja en flores a discreción, y la música sacra, al menos hasta el 17 de diciembre, será más suave, reduce el uso de instrumentos. Concretamente se podría decir que todo es más sobrio. En este camino tendremos una excepción, será en el Tercer Domingo, llamado de Gaudete, que recibe ese nombre por la primera palabra en latín de la antífona de entrada, que dice: Gaudéte in Domino Semper (estad siempre alegres en el Señor). En él las vestiduras serán color rosado.




