[google_font font=»EB Garamond» size=»58″ weight=»400″ italic=»0″ color=»#7d0404″ subset=»»]Miércoles de Ceniza – Inicio de la Cuaresma[/google_font]
La liturgia del Miércoles de Ceniza nos recuerda nuestra condición de mortales: “Memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris – Recuerda, hombre, que eres polvo, y al polvo volverás”… En el inicio de la Cuaresma, queramos, más que la mortificación corporal, aceptar la invitación que la Liturgia sabiamente nos hace, combatiendo el amor propio con todas nuestras fuerzas.
“Buscad el mérito, buscad la causa, buscad la justicia; y ved si encontráis otra cosa a no ser la gracia de Dios». (San Agustín)
(…) Dentro de poco, al recibir la ceniza en nuestra cabeza, volveremos a escuchar una clara invitación a la conversión, que puede expresarse con dos fórmulas distintas: «Convertíos y creed en el Evangelio» o «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás».
Precisamente por la riqueza de los símbolos y de los textos bíblicos y litúrgicos, el miércoles de Ceniza se considera la «puerta» de la Cuaresma. En efecto, esta liturgia y los gestos que la caracterizan forman un conjunto que anticipa de modo sintético la fisonomía misma de todo el período cuaresmal. En su tradición, la Iglesia no se limita a ofrecernos la temática litúrgica y espiritual del itinerario cuaresmal; además, nos indica los instrumentos ascéticos y prácticos para recorrerlo fructuosamente.
«Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto (Joel 2, 12). Los sufrimientos, las calamidades que afligían en ese período a la tierra de Judá impulsan al autor sagrado a invitar al pueblo elegido a la conversión, es decir, a volver con confianza filial al Señor, rasgando el corazón, no las vestiduras. En efecto, Dios —recuerda el profeta— «es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas» (Joel 2, 13). La invitación que el profeta Joel dirige a sus oyentes vale también para nosotros, queridos hermanos y hermanas.

Imposición de la ceniza en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, del Seminario de los Heraldos del Evangelio en Caieiras, São Paulo.





